Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Cortazar, Rayuela
24/02/2009
8
Xa sei que pensas que perdín a cabeza, pero aínda a teño por riba dos ombros. Non deixarei que se esvaeza na escuridade dos ruídos desangrados; volverei a ti, volverei con ela.
Serei novamente a muller que rimaba o mundo coas súas palabras.