Ahora la Maga no estaba en mi camino, y aunque conocíamos nuestros domicilios, cada hueco de nuestras dos habitaciones de falsos estudiantes en París, cada tarjeta postal abriendo una ventanita Braque o Ghirlandaio o Max Ernst contra las molduras baratas y los papeles chillones, aun así no nos buscaríamos en nuestras casas. Preferíamos encontrarnos en el puente, en la terraza de un café, en un cine-club o agachados junto a un gato en cualquier patio del barrio latino. Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Cortazar, Rayuela
05/10/2009
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E non hai maior suicidio có silencio. ... ... ... Necesito calar para sempre por sempre ... ... ...
(cerrarei todo isto e pecharei a nosa ventá, meus novos amigos. Necesito calar, outra vez necesito calar)